lunes, 2 de octubre de 2017

LA ARMADA YA ES REPUBLICANA

  



Crucero "Libertad", antes "Príncipe Alfonso"
En la noche del 14 de abril de 1931 Alfonso XIII abandona Madrid. Se traslada en coche a Cartagena, allí le espera el crucero "Príncipe Alfonso" para llevarlo hasta Marsella desde donde partirá hacia París. El crucero zarpa a las 04.15 horas.  Acompaña al rey destronado su primo el Infante Alfonso de Orleans; el último ministro de Marina de la monarquía, almirante Rivera con su ayudante; el Duque de Miranda y el ayuda de cámara.

Al mando del buque está el capitán de navío Manuel Fernandez Piña, Jefe del Estado Mayor de la Escuadra en 1932. El siguiente 7 de abril, hallándose José Giral al frente del Ministerio de Marina, fue promovido al empleo de Contralmirante. Desde mayo de 1934 y hasta el mismo mes de 1936, desempeñó la Jefatura de la flotilla de destructores. Pasó a la reserva el 26 de enero de 1937, tras más de cuarenta y cinco años de servicio en la Armada; situación en la que se halló al fallecer en San Fernando a primeros de diciembre de 1949.

La bandera que enarbola el crucero es la bicolor con el escudo monárquico (hay quien dice que partió sin pabellón). Durante la travesía Alfonso de Borbón redacta una proclama para la Marina, el comandante Fernandez Piña prohíbe a Alfonso de Borbón su lectura ante la tripulación. En Marsella, una vez ha desembarcado el incomodo pasajero y nada más abandonar las aguas territoriales francesas camino de puerto español, se iza la bandera republicana.

El "traslado" se hace a espaldas de las nuevas autoridades. Miguel Maura, ministro de la Gobernación, se entera a través de una llamada anónima una vez que el buque ha zarpado, Maura creía que el ex monarca se encontraba junto con su familia en el Palacio de Oriente, tal y como le había sido comunicado por un miembro de la Casa Real. Durante el viaje, el ya ciudadano Alfonso de Borbón fue alojado en el camarote del Almirante y tratado con las mismas consideraciones que si estuviera reinando. Todo estuvo organizado desde la mañana del día 14 por el Ministerio de Marina, al Comandante General de la Escuadra se le ordenó tener el buque listo para realizar una comisión de la que no se le dieron datos. (2)

El rey destronado y fugitivo llega a Marsella, el primer suelo francés que pisa como ciudadano raso es el cantil de un muelle extranjero, no es recibido por nadie, en taxi se traslada al Hotel Noailles, en la Canebière.

La Armada es ya republicana pero no lo es, ni por asomo, la inmensa mayoría de los integrantes del Cuerpo General.

La vocación monárquica  entre los jefes y oficiales de la Armada era muy numerosa, para ellos significa mantener su status de privilegiados. Azaña, siendo presidente del Gobierno provisional y el ministro de Marina Casares Quiroga, no pierden el tiempo para comenzar a borrar el espíritu monárquico de la Armada. Solo tres días después de la proclamación de la República, el Ministerio de Marina decreta el cambio de los nombres monárquicos de las principales unidades navales. El buque, "Príncipe Alfonso", el mismo que había trasladado a Alfonso de Borbón a Marsella, pasa a llamarse "Libertad".

España es ya republicana y la Armada no puede ser ajena a esa realidad. Urge una nueva organización de la Marina. El 10 de julio de 1931 se emite un decreto en el que, entre otras cuestiones, se declaran Cuerpos de la Armada el General, y los de Máquinas, Sanidad, Intendencia y Jurídico. (1) A renglón seguido se procede a la conversión de los cuerpos subalternos de contramaestres, radiotelegrafistas, condestables, torpedistas, electricistas, practicantes y escribientes, los cuales pasan a formar los cuerpos Auxiliares (Navales, Radiotelegrafistas, Artillería, Torpedos, Electricidad, Sanidad, Oficinas y Archivos). En el seno de estos cuerpos se equiparan en parte las categorías con las del cuerpo General, así la de jefe se equipara a la de capitán de corbeta, oficial 1º a teniente de navío, oficial 2º a alférez de navío y oficial 3º a alférez de fragata.

El elitismo ancestral del Cuerpo General comienza a resquebrajarse al mismo tiempo que las reivindicaciones del resto de la Armada son en parte atendidas.  Según varios autores se cometió un gran error al mantener en la Armada a elementos claramente anti-republicanos. Dichos marinos hostiles a la República deberían haber sido apartados de sus puestos aún a costa de tener que reducir momentáneamente el tamaño de la Armada. De poco sirvió en el Cuerpo General el juramento de lealtad a la República, a aquellos que no quisieron jurar se les concedió el retiro con todas sus ventajas, la gran mayoría de la Armada juró. Un error que se manifestó con toda su crudeza en 1936 cuando la mayor parte de los integrantes del Cuerpo General se sumaron a la sublevación, cosa que no ocurrió entre los Cuerpos Auxiliares creados por la República en 1931, muy al contrario, ellos junto con la marinería evitaron que la Armada quedara en manos franquistas. 

Muchos eran los problemas en la Armada y Casares Quiroga realizó una gran labor aunque inacabada y sujeta al error antes comentado al no depurar en la Armada a los anti-republicanos declarados. A Casares le sucede en el cargo José Giral Pereira y los problemas se agudizan. La monarquía dejó establecidos varios convenios para la construcción de nuevos buques con la Italia fascista de Mussolini, entonces amparada por Victor Manuel III de Saboya, y Giral decide acabar con esos planes. En el primer presupuesto de la República no se incluye partida presupuestaria alguna para la construcción de nuevos buques, eso si, se mantiene lo ya establecido a los proyectos en ejecución, concretamente lo relativo a los cruceros "Canarias" y Baleares", cruceros que finalmente fueron puestos en servicio por los sublevados franquistas e incluidos en su mermada flota, cruceros que gracias a sus características técnicas y capacidad de fuego vinieron a representar la única amenaza seria para la Flota Republicana. No obstante esa superioridad, el "Baleares" huyó en el combate que le presentó el crucero "Libertad" en Cabo Cherchel (septiembre de 1937) y fue finalmente hundido por torpedos de la Flota Republicana en el combate de Cabo de Palos (marzo de 1938), en esta ocasión el navío que huyó fue el "Canarias".


Benito Sacaluga





Pabellón de los buques de la
Marina de Guerra Republicana






(1) Tomado de "La Armada Española durante la guerra de los tres años (1936-1939)".

(2) Extractado de Diario de Cádiz. Un gaditano llevó al exilio a Alfonso XIII. Juan Torrejón Chaves. 14 de abril de 2014.




jueves, 28 de septiembre de 2017

DUELO A MUERTE EN FERROL, JULIO DE 1936



Nos encontramos en Ferrol, es el 20 de julio de 1936, al igual que en el resto de España desde el pasado día 18, el golpe de estado militar trata de imponerse. En la Armada los leales a la República se enfrentan a los golpistas sublevados, está en juego el control de los buques y las bases navales. El acorazado "España" y el crucero "Almirante Cervera" se encuentran en dique seco reparándose. Las tripulaciones de ambos buques hacen frente a los sublevados, estos últimos cuentan con dos regimientos, uno de Artillería y otro de Infantería de Marina. Los marinos republicanos tratan por todos los medios que los navíos salgan de los diques y se hagan a la mar. No lo consiguen y dos días de asedio acaban con la resistencia de los marinos leales. Juan S. Sánchez Ferragut, capitán de navío y comandante del "Cervera", es fusilado por los franquistas. En los primeros momentos de la sublevación dos oficiales de la Armada,  Dionisio Mouriño, republicano a cargo del acorazado "España" y Guillermo Díaz, al frente de fuerzas sublevadas, se enfrentan en los muelles.

En diciembre de 1966 se edita y publica en Buenos Aires (Argentina) la obra "Crónica de la Guerra Española. No apta para irreconciliables". La obra consta de 5 volúmenes: Vol I : Antecedentes , El Alzamiento , 588 pag. ; Vol II : El choque de las columnas , 488 pag. ; Vol III : La lucha en torno a Madrid , 488 pag. ; Vol IV : Dos ejércitos a la ofensiva , 498 pag. ; Vol V : El hundimiento militar de la República. 

En dicha obra encontramos la siguiente reseña:


(1) DUELO MEDIEVAL

Acorazado "España"
Ricardo Giménez-Arnau (2) describe un episodio relacionado con la lucha en El Ferrol, que parece salido de las sombras de la Edad Media: un desafío a muerte entre un marino republicano y un marino nacionalista, La suerte del acorazado "España" va a decidirse, como en las contiendas medievales, por un duelo entre los dos mejores guerreros de los bandos enfrentados.  

"El dramatismo del momento es difícil de llevar a la pluma. Nuestros hombres del dique, al ver a los dos oficiales, han enmudecido. Un silencio tremendo ha sustituido al clamor que antes levantabas gargantas y fusiles. Entonces tiene lugar un duelo personal entre Mouriño y el capitán de corbeta don Guillermo Díaz. Los dos son tiradores de concurso y juntos han tomado parte en muchos campeonatos. Este es el último en que se encuentran reunidos por el destino, y en que el premio es de mucha más trascendencia que una copa. Tira Mouriño, y la gorra de don Guillermo Diaz vuela de un balazo. El capitán de corbeta, tranquilo, como si se tratara de un concurso más, levanta lentamente el brazo, y luego dispara. Mouriño, con un balazo en el centro mismo de la frente, cae. Su gente, aterrorizada, supersticiosamente por el resultado de aquel terrible duelo, huye. Sus pisadas desordenadas rompen un silencio que duró varios minutos"



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El suceso relatado por Giménez Arnau esta igualmente recogido por Daniel Sueiro en su obra "la Flota es roja", (1983), en su página 238, nos relata Sueiro:




" Hace escasos meses que ambos, (Mouriño y Diaz del Rio), como primeras figuras del equipo de tiro de precisión, con pistola, del Departamento de El Ferrol, han participado juntos en el campeonato nacional de la especialidad, celebrado en San Fernando (Cádiz), exactamente en  marzo de 1936. Después de numerosas pruebas, en las que los dos componentes del equipo ferrolano apenas pudieron ocultar su propia rivalidad deportiva, ha resultado vencedor el auxiliar Mouriño; es verdad que con su victoria también queda clasificado el oficial Diaz de Río, al obtener el galardón para El Ferrol, pero el número uno ha resultado ser `para todos Dionisio Mouriño. Los dos tiradores lanzan al aire sus gorras de plato y se funden en un fraternal abrazo.

Ahora se encuentran frente a frente en una situación que desde entonces ha sido mitificada como duelo medieval o cinematográfico (3), y de acuerdo con esta versión ambos debieron medirse con las miradas en tan trágico y definitivo trance. Mouriño dispara primero, y falla. Vuela por el aire atravesada por la bala, la gorra del capitán de fragata, que hace fuego a su ves y el pistoletazo derriba en el acto al auxiliar, con un agujero negro dibujado en el centro de su frente.

Pero hay indicios de que el duelo no fue tan cinematográfico, aunque si tal vez muy medieval; de que no fue exactamente así, en una palabra: el que pronto sería nombrado jefe de la Flota nacional (4) y empieza a conducir en ese momento la situación en El Ferrol, escribe textualmente al respecto que "entre éste (Guillermo Diaz) y el teniente de navío don Guillermo Rodriguez, consiguieron matarlo (a Mouriño) instantáneamente".

Los seguidores de Mouriño se repliegan hacia el "España", que pasa a mandar el segundo maquinista Pedro López Amor; algunas fuerzas de otras compañías de desembarco se unen a ellos".


Dos versiones parecidas, casi idénticas,  yo me quedo con la de Sueiro y su cita del Almirante Moreno.


Benito Sacaluga





(1) Documento facilitado por José Manuel Rodriguez Crespo.

(2) Participó en la Guerra Civil Española integrado en el Cuerpo General de la Armada y llegó a alcanzar el rango de teniente de navío. Estuvo destinado en el crucero Canarias. Entre 1939 y 1941 ejerció como jefe del Servicio Exterior de Falange

(3) Esta última calificación es de R.Salas Larrazábal (Historia del Ejército Popular.Pag. 109).  

(4) Francisco Moreno Fernández.  Almirante de la Flota sublevada. Capitán General de Cartagena. Capitán General de Ferrol.  Franco le concedió el título póstumo de Primer Marqués de Alborán. En 2010, Moreno Fernández fué imputado por la Audiencia Nacional en el sumario instruido por el juez  Baltasar Garzón, por los delitos de detención ilegal y crímenes contra la humanidad cometidos durante la Guerra de España y en los primeros años del régimen franquista.




martes, 5 de septiembre de 2017

ALICIO VÁZQUEZ HINOJOSA, MAQUINISTA REPUBLICANO





Alicio nació en Ferrol el 7 de agosto de 1897, su padre era Juan Vazquez Lage, en aquel momento soldado de Infantería de Marina, de veintinueve años de edad, y su madre Filomena Hinojosa Freire, de veintinueve años, natural de Ferrol.

Su instancia para solicitar el ingreso en el Cuerpo tiene fecha de 17 de junio de 1915 y aportó certificado de haber trabajado en el Astillero y Varadero de La Coruña desde 14 de enero de 1913 a 24 de febrero de 1915. Fue nombrado aprendiz en DO 207/15 de 16 de octubre de 1915.


Castillo de San Felipe (Ferrol)


Los tres días clave de julio de 1936 en Ferrol estaba en Madrid, enfermo de pulmón desde 1930. En años anteriores estuvo embarcado en los "Contramaestre Casado" ,"Gaviota" y "Macias". Había contraído matrimonio en la iglesia del castillo de San Felipe el 16 de diciembre de 1919, estando destinado en el "Cataluña". Fue un hombre de profundas convicciones republicanas. Alternó con importantes republicanos en la vida política y en la naval y militar. A pesar de su enfermedad y de su no radicalización partidista, consideró que debía colaborar en el triunfo de la República y por ello, desde los primeros momentos, adiestró a voluntarios socialistas republicanos en Madrid y al frente de ellos partió al combate allí donde avanzaban las tropas sublevadas. Falleció en acción de guerra en Llerena (Badajoz), frente de Extremadura en aquellos momentos, el 31 de agosto de 1936. Ostentaba el grado de Primer Maquinista, número 53 en el escalafón.

La Junta de Clasificación lo había considerado "Sospechoso" al ser de ideas políticas de "Izquierdas"; profesionalmente "Bueno" y cualidades morales "Regular"..







Extractado de El Cuerpo de Maquinistas de la Armada Española. Antonio de la Vega Blasco. Mº de Defensa.2009.








lunes, 10 de julio de 2017

UN EXCELENTE BLOG EN AUXILIO DE LA MEMORIA REPUBLICANA






Hace unos días ha salido a la luz un nuevo Blog sobre la Flota Republicana, sin duda una muy buena noticia. 

Sin más os dejo el enlace a su última publicación, un detallada exposición sobre aquellos que de una forma u otra y en el seno de la Armada Gubernamental traicionaron su juramento de fidelidad a la República. Un excelente trabajo.





Sin duda un Blog a seguir.



Benito Sacaluga.





miércoles, 21 de junio de 2017

BENJAMÍN BALBOA LÓPEZ, EL PRIMER HÉROE DE LA II REPÚBLICA.





La actuación de Benjamín Balboa frente a los golpistas sublevados fue decisiva para conseguir que las unidades de la Flota permaneciesen del lado de la República. De no haber sido así la guerra habría durado pocas semanas. Sus valores como persona y militar, junto con su absoluta lealtad a la República, fueron decisivos.

Benjamín Balboa (sentado)
Imagen: Mundo Gráfico/Estampa
(1) Benjamín Balboa López nace en Boimorto (La Coruña), el 18 de marzo de 1901, hijo de un maestro de la República.  Oficial de 3ª clase (asimilado a alférez) del Cuerpo Auxiliar de Radiotelegrafistas de la Armada. Al producirse la sublevación militar del 18 de julio de 1936 desempeñó un importantisimo papel en el desarrollo de los acontecimientos que tuvieron lugar en el centro de comunicaciones que la Armada tenía instalado en la Ciudad Lineal de Madrid desde la cual, mediante TSH (2) y utilizando el sistema Morse, se establecían todas las comunicaciones con las bases navales y los buques de la Flota. Aunque existen diversas versiones sobre como se produjeron tales hechos, parece fuera de toda duda que Balboa, sobre las 6,30 horas de la mañana del 18 de julio, captó un mensaje del general Franco transmitido desde Tenerife y dirigido al jefe de la Circunscripción Oriental de África (Melilla), que decía:



Gloria al heroico Ejercito de África. España sobre todo. Recibid el saludo entusiasta de estas guarniciones, que se unen a vosotros y demás compañeros Península en estos momentos históricos. Fe ciega en el triunfo. Viva España con honor. General Franco.
Momentos después volvió a detectar otro radiograma con el mismo texto e idéntica firma, dirigido a los generales jefe de la 1ª, 2ª, 3ª, 4ª, 5ª, 6ª, 7ª y 8ª División Orgánica en Madrid, Sevilla, Valencia, Barcelona, Zaragoza, Burgos, Valladolid y La Coruña: al comandante militar de Baleares, al general jefe de la División de Caballería, en Madrid; al jefe de la circunscripción de Ceuta y Larache; al jefe de las fuerzas militares de Marruecos y a los almirantes jefes de las bases navales de Ferrol, Cadiz y Cartagena. Todavía captó otro mensaje, transmitido desde la base naval de Cartagena, que terminaba con la orden de "cursése a las guarniciones" y que aumento aún más sus sospechas. La indignación que le produce en hecho en si - escribe Daniel Sueiro en La Flota es Roja - se acrecienta en Balboa ante la descarada pretensión de los sublevados de servirse de ellos y utilizar nada menos que la vía oficial para propagar el alzamiento y levantar a los cuarteles y demás dependencias militares de Madrid y, sobre todo, le duele que sea un compañero el que, desde la estación de radio de Cartagena esté dando curso a tales mensajes.

Obedeciendo al primer impulso, con el texto de la circular de Franco garrapateado en una hoja que sostiene nerviosamente en la mano, pulsa el entrecortado reproche que quiere hacer llegar al radiotelegrafista de Cartagena:
...no hagas eso compañero...no transmitas esa circular...no te das cuenta de que es un acto de subversión 
la respuesta quiere ser una justificación y es una llamada angustiosa por parte del auxiliar de radio, Albiol,  que Balboa sabe captar: estaba cumpliendo órdenes superiores, de jefes que en ese momento le rodeaban en la misma estación de radio. Y la circular no solamente había sido transmitida ya a Madrid sino también a la base de Mahón. Sin perder más tiempo Benjamín Balboa corre a uno de los teléfonos cuidándose de no utilizar el que estaba conectado con el domicilio del jefe de la Estación, el capitán de corbeta Cástor Ibáñez Aldecoa, sin duda al pie del aparato en sus habitaciones, a la espera de aquella noticia. Saltándose así a su jefe inmediato, por las buenas razones que tiene para hacerlo, se pone al habla con el jefe de la secretaría del Ministerio de Marina, el teniente de navío Prado Mendizabal, al que lee por teléfono el texto lanzado por Franco. Prado copia rápidamente las palabras que Balboa le dicta y antes de colgar y pasárselas a su ministro, Giral, le indica al radiotelegrafista que, por su parte, pase a limpio la circular y se la envíe con toda urgencia y en sobre cerrado y personal al ministro de la Guerra y presidente del Consejo, Casares Quiroga... Y en ese momento es cuando aparece el jefe del servicio, capitán Ibáñez Aldecoa. Al darse cuenta de que el esperado mensaje de Franco, en lugar de ser transmitido a las guarniciones, para que se sumen al alzamiento, como estaba previsto por la conspiración, iba ser enviado al ministro o al jefe del Gobierno se apoderó bruscamente de él, arrebatándolo de las manos del funcionario, reclamando la vía jerárquica del Jefe del Estado Mayor de la Armada, vicealmirante Salas, como primer destinatario natural y obligado del mismo. Mientras se dirigía a la cabina telefónica de la misma estación no ahorró palabras de desprecio y de amenaza por las conducta del auxiliar Balboa. Con el almirante Salas sostuvo una eufórica y alborozada conversación en alta voz, después de la entusiasmada transmisión de la circular de Franco, manteniendo ostensiblemente abierta la puerta de la cabina, como para contagiar a las fuerzas de custodia y demás presentes de su propia alegría.

El capitán y jefe del centro hizo hincapié, antes de atravesar los cien metros de jardín que le separaban de su vivienda privada, de que desde ese momento era aún más rigurosa la orden dada por él acerca de la utilización exclusiva del teléfono conectado con su casa, con la prohibición consiguiente de utilizar los otros dos teléfonos. Y ese teléfono que Ibáñez Aldecoa quería que le sirviera para enterarse de lo que hablaban subordinados suyos en los que no confiaba, sirvió también a éstos, que por lo demás mantenían hacia su jefe una actitud equivalente y opuesta, para escuchar algo de lo que él mismo decía en tal momento. Así fue como el mismo Balboa pudo oír la conversación personal que, a renglón seguido, mantuvo Ibáñez Aldecoa con su jefe el vicealmirante Javier de Salas. Quería éste que el mensaje de Franco se hiciere llegar, por los medios que fuera, a todas las guarniciones. Y replicaba Aldecoa: Hazlo tú. Y un nuevo apremio por la otra parte. Ibáñez Aldecoa confiesa: Es que tengo aquí un hueso... En un momento dado Ibáñez Aldecoa se decide a intentar transmitir la llamada de Franco a las guarniciones, de acuerdo con los deseos de Salas y siguiendo, sin duda, los planes trazados con anterioridad.

Ya es de día cuando atraviesa de nuevo el jardín y llega a la puerta del gabinete telegráfico . Allí le sale al encuentro Benjamín Balboa, que seguramente le está esperando. El capitán de corbeta quiere hacer valer su autoridad y le indica al auxiliar que se considere arrestado.
Usted -le grita- está contraviniendo mis órdenes. Retírese como arrestado a su habitación. Y a partir de este momento le prohíbo que entre en la sala de aparatos. 
 Balboa reacciona con energía y con ira le replica:
No acato esa orden. Tengo una misión que cumplir y la cumpliré. cueste lo que cueste y pese a quién pese. Estoy aquí para defender a la República contra aquellos que, como usted sabe, la traicionan. Y desde este momento es usted, no yo, quién tiene prohibida la entrada en el local.
El auxiliar de radio apunta al capitán Aldecoa con su pistola, una Luger 22, de nueve tiros, más uno en la recámara, con el cargador completo. Allí mismo lo detiene y lo encierra en sus habitaciones. No salga usted de su casa, le advierte antes de retirarse, Si lo intenta se hará fuego contra usted. De esta forma se hizo dueño de la situación, y el Gobierno de la República no perdió el contacto con las bases navales ni con la mayoría de los barcos que componían la escuadra, impidiendo, entre otras cosas, el paso del estrecho de Gibraltar al grueso de las fuerzas sublevadas en el protectorado marroquí. Convertido en hombre de confianza de la Marina de guerra republicana, fue ascendido a Oficial 1º, equiparado a capitán, del cuerpo al que pertenecía, desempeñando diversos cargos públicos a lo largo de la contienda, entre ellos el de Subsecretario de Marina y Aire. Al finalizar la guerra se exilió a México, donde permaneció hasta su fallecimiento en 1976.




(1) Extraído de S.B.H.A.C (Sociedad Benéfica de Historiadores Aficionados y Creadores). Galería de héroes republicanos de la Guerra Civil Española.

(2) Telegrafía sin hilos







viernes, 16 de junio de 2017

SÁNCHEZ FERRAGUT, COMANDANTE DEL CRUCERO "ALMIRANTE CERVERA"





Crucero "Almirante Cervera"
(1) Al capitán de navío Sánchez Ferragut le fusilaron en el Arsenal de Ferrol, en el lugar conocido como la Punta del Martillo, a las seis de la tarde del día 25 de Septiembre de 1936. Era el comandante del crucero “Almirante Cervera” cuando se produjo la sublevación en la Base y le fusilaron como le podían haber condecorado con la “Laureada de San Fernando” o la “Militar individual”. Las verdaderas razones por las que le dieron plomo en vez de medallas no las he podido descubrir, pero no creo que ande muy descaminado al decir que los fusilamientos de Sánchez Ferragut y, un mes antes, del teniente de navío Sánchez Pinzón, también del “Cervera”, respondieron a la necesidad que tenían los insurrectos de eliminar a unos testigos incómodos.

Como se sabe, el “Cervera” había entrado en dique para limpiar fondos y efectuar algunas reparaciones menores y trabajos de mantenimiento. Gran parte de la dotación estaba de permiso, no así la oficialidad que, junto con el comandante, permanecían a bordo. De acuerdo con las instrucciones recibidas del Estado Mayor, Sánchez Ferragut ordenó el domingo dieciocho Julio que dos grupos de quince marineros armados, al mando de un oficial, se encargasen de la vigilancia de las puertas de la Constructora y que estuvieran listas dos secciones de dieciocho marineros cada una por si fuera necesaria su actuación en el exterior. Se municionó a la guardia de a bordo y se emplazó un cañón de desembarco en el castillo del buque. En cumplimiento de esas directrices del Estado Mayor, también se inutilizó la radio del buque desmontando tres lámparas y cerrando con llave la cabina.

Visto que el lunes veinte amanecía con normalidad y que los trabajadores de la Constructora y los que se encargaban de las reparaciones a bordo del crucero se incorporaban a sus puestos sin novedad, el comandante del “Cervera” ordenó la retirada de los retenes de las puertas del astillero y del cañón de desembarco. Esa mañana entró de oficial de guardia el teniente de navío Luis Sánchez Pinzón. Hacia el mediodía, Sánchez Ferragut se dirigió a las dependencias del Estado Mayor, donde Vierna había convocado a los comandantes de buques y jefes de cuerpos para proponerles la adhesión a la insurrección. Sánchez Ferragut no se opuso al levantamiento militar, pero expuso su temor a que la dotación del “Cervera” no le obedeciese. ¿Conocería ya Sánchez Ferragut lo que había ocurrido a bordo de los cruceros que habían salido de Ferrol y en el acorazado “Jaime I” cuando los oficiales se habían querido unir a los sublevados? En la reunión que los jefes de la Armada tuvieron a continuación con el vicealmirante Núñez en Capitanía General, a la que parece ser que asistió el comandante militar de Ferrol, general de Infantería Ricardo Morales, Sánchez Ferragut volvió a expresar públicamente sus temores de que la dotación no le siguiese y se amotinase. Fue la única voz discordante en esa reunión, junto con la del coronel Jefe del Servicio de Máquinas Manso Díaz.

Al comandante del “Cervera” también le preocupaba la actitud del contralmirante Azarola y el que no hubiera asistido siquiera a la reunión. Así que cuando caminaba de regreso al crucero decidió hacerle una visita. Es necesario saber que Sánchez Ferragut había sido nombrado Ayudante Mayor del Ministerio de Marina en Abril de 1933, en la época en que Azarola desempeñaba la Subsecretaría del citado ministerio. Pero antes de poder ver al contralmirante, Ferragut se encontró, no se sabe si casualmente o no, con el comandante del destructor “Velasco”, el capitán de corbeta Calderón, quien le acompañó a visitar al contralmirante. Parece ser que, en los planes de la sublevación, el capitán de corbeta Calderón era uno de los encargados de llevar a cabo la detención de Azarola y conducirlo prisionero al destructor. Cabe suponer que de esa entrevista con el contralmirante Azarola, Sánchez Ferragut no saldría más animado a sumarse a la sublevación, sino todo lo contrario. Lo único que trascendió de esa conversación fue que el contralmirante jefe del Arsenal le dejó amplia libertad para llevar el “Cervera” a un lugar más tranquilo y apartado de la Base. Por eso, cuando Sánchez Ferragut llegó a bordo del crucero y se enteró que los obreros de la Constructora acababan de abandonar el buque y paralizado los trabajos que realizaban, dio órdenes al capitán maquinista para que se colocasen todas las piezas de las máquinas de propulsión que se habían desarmado y quedasen listas para cuando se diese agua al dique.

Como ya se ha dicho, en la reunión de jefes con el vicealmirante Núñez, éste había acordado, en vez de declarar el estado de guerra, adoptar el plan “C” de máxima emergencia, encargándose el Estado Mayor de enviar a todos los buques y dependencias instrucciones más concretas. A bordo del “Cervera” se continuaba con las tareas de dejarlo listo para salir de dique cuanto antes y se tomaron algunas precauciones. Así, por orden del comandante, el condestable de cargo procedió a recoger los estopines de los cañones de 15 centímetros y los depositó en el pañol de popa.

El segundo comandante del “Cervera”, capitán de fragata Francisco Vázquez de Castro, estaba en el dique dirigiendo la operación de recogida de anclas y retirada de las planchas de acceso al buque cuando estalló el tiroteo dentro de la Base, que se inició en la zona donde se encontraba el acorazado “España”. Regresaron todos a bordo y el segundo comandante dio orden de que se armase y municionase todo el mundo, como así se hizo. Visto que el tiroteo se generalizaba y se tenía la impresión de que se disparaba sobre el “Cervera”, Sánchez Ferragut ordenó que saliesen del buque y tomasen posiciones defensivas en los alrededores del mismo tres grupos de Marinería, al mando de los tenientes de navío Enrique Seris y José Yusti, y del alférez de navío Martínez Doggio. La guardia militar del buque, al mando del alférez Gilberto de la Riva Rivero, se dirigió a la parte alta del puente para tratar de localizar desde dónde se les hacía fuego y responder al mismo.

En medio de una gran confusión y de un intenso fuego de fusilería, contestando al que se les hacía, pero sin poder precisar exactamente todos los sitios desde donde se les tiraba, sin conocer las causas ni haber recibido las instrucciones del Estado Mayor, se dio orden de cesar de disparar y que todo el personal regresase a bordo. El corneta que salió a tocar el alto el fuego, un muchacho de diecisiete años, fue alcanzado por un disparo y murió poco después. Parte de los marineros del grupo mandado por el teniente Seris, sin atender las órdenes de éste, abrieron la puerta norte de la Constructora y por ella entraron en la Base un gran número de hombres y mujeres. Civiles y marineros se fundieron en abrazos y avanzaron juntos hacia el buque. Subieron todos a bordo dando estruendosos “vivas” a la República y a la Libertad, y en medio del gran tumulto que se formó, se aprovechó para repartir armas a los paisanos.

Tal y como se iban sucediendo las cosas, la impresión que se tiene es que a bordo del “Cervera” nadie estaba bien informado del carácter de los acontecimientos que se estaban desarrollando, tanto en la Base como en el resto de los barcos de la Flota y en todo el país. El comandante y el resto de los oficiales estaban desorientados y sin saber a qué atenerse, como lo prueba el hecho de que, tras estallar el tiroteo, Sánchez Ferragut tratara de enviar dos escritos de su puño y letra dirigidos al almirante jefe del Arsenal, Azarola, y al ayudante mayor, Suances, comunicándoles lo que ocurría y rogándoles le explicaran a qué era debido, al mismo tiempo que les pedía auxilio mutuo. Estos escritos, que no aparecen reproducidos en ninguna parte, no llegaron a su destino porque los marineros que los portaban fueron retenidos por el comandante del “Velasco”, el capitán de corbeta Calderón, que se quedó con los citados escritos.

Por otra parte, entre la tripulación se echaba en falta una dirección revolucionaria que analizase correctamente esos acontecimientos y se enfrentase a ellos de forma resuelta. Al contrario que en la mayoría de los buques de la Armada, en el “Cervera” tardaron mucho en recibir información y consignas de Madrid porque la radio permaneció inutilizada en los momentos decisivos. Esa tardanza y esas dificultades en la comunicación con Madrid fueron un factor decisivo para que tanto el “Cervera” como la Base y los otros buques surtos en ella, y la propia ciudad departamental cayesen del lado nacionalista.

Con el buque ocupado por gente del pueblo y la marinería de la dotación que confraternizaba con ellos y les entregaba armas, Sánchez Ferragut y el resto de los oficiales, pero sólo ellos, se empeñaron en la tarea de recuperar las armas que portaban los paisanos y echarles de a bordo. Al mismo tiempo, trataron de impedir que los marineros saliesen, junto con los paisanos, a luchar a las calles. Haciéndoles frente, se encontraron con el grupo que capitaneaban el cabo apuntador Domingo Lizuain y el paisano Venancio Pérez. Fue entonces cuando se produjo un tiroteo dentro del crucero, entre los oficiales y los componentes de este grupo, a resultas del cual murió de un tiro en la cabeza el segundo comandante, Francisco Vázquez de Castro, y resultaron heridos el propio Sánchez Ferragut, el tercer comandante, capitán de corbeta José Mª Ragel, el alférez Gilberto de la Riva y algunos marineros y paisanos. El comandante y la mayoría de los oficiales se retiraron entonces hacia popa y se refugiaron en la cámara y antecámara del comandante. Custodiando la entrada colocaron una guardia armada formada por unos cuantos marineros de confianza. La marinería y los paisanos se retiraron hacia proa y muchos grupos armados salieron a combatir a los tropas sublevadas en las calles de Ferrol.

A pesar de aquel enfrentamiento y de que el buque estaba en manos de los marineros, auxiliares y maquinistas partidarios del régimen republicano, en el “Cervera” no llegó a formarse un comité que asumiese el mando total del buque. El teniente de navío Sánchez Pinzón y el alférez Martínez Doggio, que habían conducido a un marinero herido a la enfermería, se cruzaron, cuando regresaban a la popa, con grupos de la dotación y trataron de calmarles. Poco a poco, se terminó aceptando la presencia de oficiales en las dependencias del buque. Las disposiciones que se adoptaban se procuraba que contasen con la aquiescencia del comandante. Fueron los oficiales, los maquinistas y los auxiliares navales los que comenzaron a actuar como intermediarios. Incluso hubo un momento en que se pensó en nombrar un nuevo comandante del crucero, barajándose el nombre del teniente de navío José Estrella, del que se valoraba el hecho de haber sido ayudante del presidente de la República. En cualquier caso, la dotación defendía el barco y repelía los ataques, mientras se hacían planes para utilizar los cañones contra los insurrectos. Mediante banderas y por scott se consiguió establecer comunicación con el acorazado “España” antes de que concluyesen los trabajos para poner en funcionamiento la radio.

Comandante y dotación coincidían en la necesidad de dar agua al dique para poner el barco a flote: el comandante pensando en sacarlo de allí y llevarlo a un lugar más seguro y tranquilo de la Base; la dotación, para poder tirar con la artillería de grueso calibre que, sin estar el barco a flote, no puede utilizarse sin correr el riesgo de provocar graves daños en la estructura del buque. El fuego de los sublevados impidió que se llevase a cabo esta maniobra, que no pudo realizarse hasta entrada la noche, cuando el tiroteo cesó casi por completo.

De la apurada situación en que se encontraban los sublevados en la Base en esos momentos puede dar una idea el testimonio del capitán de navío Francisco Moreno, que afirmó que esa noche tuvo que estar esperando dos horas para poder disponer de un camión del Ejército, y otras cuatro horas más, desde medianoche hasta las cuatro y media de la madrugada para poder contar con dos pelotones de soldados de Infantería y Artillería con los que reforzar las defensas de las zonas aledañas al dique donde se encontraba el “Cervera”.

Al amanecer del martes veintiuno, con el buque ya a flote, pero sin poder salir del dique por estar inundado el barco compuerta, se recibió a bordo un escrito sin firma dirigido al comandante o al que hiciera sus veces, en el que se decía que de orden del almirante del Arsenal, si el crucero no se rendía sería bombardeado por la aviación y por las baterías de Montefaro. Esta circunstancia trató de ser aprovechada por la oficialidad derrotista para desmoralizar a la dotación, exagerando el mal estado de la artillería antiaérea del barco y los efectos destructivos de la aviación. Todo lo cual no surtió el efecto buscado, porque consultada la dotación, la respuesta que se obtuvo fue que no se rendía y que permanecía adicta al poder constituido, reanudándose un tiroteo muy intenso. Aparecieron los hidroaviones de la base de Marín que arrojaron pasquines invitando a la rendición bajo amenaza de bombardeo, pero en el “Cervera” ya funcionaba desde hacía horas la estación radio y desde Madrid se les había prometido enviarles una escuadrilla de aviones de la base de León.

El martes veintiuno iba a ser el día decisivo. A las nueve de la mañana, se empezó a hacer fuego desde el “Cervera” con el cañón del 47 y varios disparos más con la artillería gruesa de 15 centímetros, lo que obligó a los sublevados a abandonar algunas posiciones. Volvieron los hidros y bombardearon el buque, aunque con escasos resultados, pues las bombas eran pequeñas y o no dieron en el blanco o no llegaron a explotar. Pero los que no aparecieron ni iban a aparecer nunca eran los prometidos aviones gubernamentales procedentes de León. El cansancio, la ausencia de un mando y unos objetivos definidos, y la persistencia de una situación confusa y bloqueada, junto con el temor a las represalias y el derrotismo que propalaban muchos oficiales, fue influyendo en la parte de la dotación menos concienciada, que ya estaba pensando en cómo entregar las armas.

Arsenal y Astilleros de Ferrol

Imagen: Jeronimo Bouza
Universidad de Barcelona
Un ardid de guerra iba a ser el que inclinase definitivamente la balanza del lado de los sublevados. A la caída de la tarde, se recibió en el “Cervera” un radio que decía lo siguiente: “Imposible enviar aviación, evite efusión de sangre.” Este radio se tomó como enviado por el Gobierno de Madrid porque se había recibido en la misma frecuencia de onda, pero en realidad había sido emitido desde una estación radio de los sublevados, la de Marín, con la finalidad de confundir a los del “Cervera”. En esos mismos momentos, una comisión integrada por personal de la dotación y paisanos se encontraba en la cámara de oficiales reunida con éstos y con el comandante. Entre los miembros de la comisión no había unidad de criterios y se planteaban diversas alternativas. Una de ellas, que parecía contar con mayor número de partidarios, era la de salir con el buque a alta mar. Pero en esos precisos instantes fue cuando entró un cabo radio con el mencionado telegrama copiado en el libro. Este hecho fue el que inclinó la opinión de los presentes a negociar la rendición del crucero. Entonces, el capitán contador del buque, José Ramón Sobredo, procedió a redactar un acta con las condiciones para la rendición, condiciones que en su mayor parte le dictó uno de los paisanos de la comisión. Después de encontrar el acta conforme, fue aceptada y autorizada por el comandante del “Cervera”, Sánchez Ferragut. El alférez de navío Martínez Avial subió entonces a cubierta para izar bandera blanca, pero hubo de retirarla inmediatamente ante la amenaza de dispararle que le hizo el marinero fogonero Pedreira, más conocido entre la tripulación por el apodo de “Coruña”. Fue necesaria la mediación del teniente maquinista López Dafonte para poder calmar al fogonero y que se pudiera volver a izar la bandera pidiendo parlamentar. Salió entonces del barco la comisión encargada de entrevistarse con el almirante jefe de la Base y hacerle entrega de las condiciones de la rendición. La encabezaba el teniente de navío Sánchez Pinzón, que representaba a Sánchez Ferragut, y le acompañaban un auxiliar y dos cabos.

Al verse desde el acorazado “España” la bandera blanca izada en el “Cervera”, mediante señales se preguntó por el motivo de tal decisión. Como la dotación del “España” no estaba dispuesta ni a rendirse ni a admitir la rendición del “Cervera”, enviaron una comisión de marineros encabezada por el maquinista López Amor para enterarse de lo que ocurría. López Amor se entrevistó con el comandante y con los oficiales relatándoles lo ocurrido en el “España”. Se le dio a leer el último radio recibido y se le ofreció que llevara el libro para mostrarlo a la dotación del “España”. Procuraron despedirle con rapidez porque los marineros que le acompañaban y que habían quedado en cubierta estaban a punto de conseguir con sus argumentaciones que la dotación del “Cervera” se volviese atrás y tomase las armas de nuevo.

La dotación del “España” había sido la primera en oponerse por la fuerza a los manejos de sus oficiales para utilizarla en la sublevación. Durante la primera refriega fueron ejecutados o posteriormente perdieron la vida el comandante accidental del “España”, capitán de corbeta Gabriel Antón; el oficial de guardia, teniente de navío Carlos Suances Jáudenes, el teniente de navío Carlos Núñez de Prado y el jefe de la Estación Radio de Ferrol, teniente de navío José Escudero Arévalo. El primero en sospechar que se querían utilizar fuerzas de Marinería del “España” para cubrir los objetivos asignados en los planes de los sublevados fue el oficial 3º de Artillería Dionisio Mouriño, que consiguió impedirlo, pero que poco después resultó muerto de un disparo en el tiroteo que se produjo en la puerta del dique.

De regreso los comisionados al “Cervera” y aceptadas por el almirante jefe de la Base todas las condiciones de la rendición, parte de la dotación y un grupo de paisanos, junto con el comandante, el segundo comandante y algunos oficiales abandonaron el buque. Los marineros fueron conducidos al cuartel de Dolores, mientras que los paisanos, de acuerdo con lo pactado, fueron acompañados por oficiales y auxiliares hasta sus domicilios. El resto de oficiales y auxiliares se trasladaron al Estado Mayor. El comandante Sánchez Ferragut y el tercer comandante se dirigieron primero al Ayuntamiento, y después al Hospital de Marina para ser atendidos de las heridas de bala.

Parte de la dotación y algunos paisanos siguieron a bordo, dueños del crucero. Con las calderas encendidas, el barco-puerta que, empujado por el viento, había dejado libre la salida del dique, no eran pocos los que volvían a pensar en hacerse a la mar después de recoger a la dotación del “España”. Mientras que otros creían que lo mejor era que les enviasen refuerzos desde el acorazado para continuar la resistencia.

Con las primeras sombras de la noche, el capitán de fragata Salvador Moreno, junto con personal técnico del “Cervera”, se acercó a la plancha para subir a bordo y hacerse cargo del crucero. Le dio el alto el fogonero Pedreira que se identificó a Moreno como un marinero armado con fusil. Fue suficiente para hacer recular al capitán de fragata y sus acompañantes que solamente se decidieron a regresar cuando pudieron llevar delante fuerzas de Infantería de Marina fuertemente armadas. Les franqueó entonces la entrada el oficial 3º de Artillería Félix Gómez, que salió a recibirles acompañado de un marinero con una linterna. Se consiguió en ese momento que se entregasen los que permanecían a bordo y el crucero pasó a manos de los sublevados. Al día siguiente, miércoles veintidós, se rendía la dotación del “España” y la Base y la ciudad quedaban en manos de los nacionalistas.

El comandante del crucero “Almirante Cervera”, capitán de navío Juan Sandalio Sánchez Ferragut, prestó declaración ante el juez instructor el sábado día veinticinco de Julio. El día anterior, el auditor José García-Rendueles había ordenado la apertura de una investigación sobre lo ocurrido en la Base Naval, nombrando juez instructor al contralmirante de la reserva Luis de Castro Arizcun. En esta causa, que lleva el número 20/1936, actuó como secretario del juez instructor el comandante auditor José Gómez de Barreda, sustituido posteriormente por el teniente auditor Ramón Figueroa y García Pimentel.

El domingo veintiséis compareció ante el citado juez instructor el teniente de navío Luis Sánchez Pinzón, que era el encargado de Electricidad y jefe de los servicios radiotelegráficos del crucero “Almirante Cervera”. Sánchez Pinzón, que contaba veintinueve años de edad y estaba casado, afirmó en su declaración que cumplió las órdenes dadas por el comandante y segundo comandante en la tarde del domingo diecinueve de cerrar, pese a estar averiada, la estación radio e inutilizarla tanto para la transmisión como para la recepción. Pero, más adelante, seguramente que para evitar que fueran procesados los auxiliares y cabos de la misma, aclaró que la llave de la estación y las lámparas que se habían desmontado habían sido entregadas sin coacción.

“Sin coacción”, a eso se agarraron para declararle procesado y ordenar su prisión incomunicada en el vapor “Plus Ultra”, uno de los buques habilitados en Ferrol como cárcel provisional. De nada le sirvió a Sánchez Pinzón solicitar al almirante jefe de la Base, Indalecio Núñez, que ordenase la revocación del auto de procesamiento de acuerdo con las bases para la entrega del “Cervera”, aceptadas por el almirante, cuyo primer punto decía: “Este Crucero se rinde siempre que no se tome represalia alguna contra la dotación del mismo.” Ni tampoco fue de gran ayuda la esmerada y minuciosa defensa llevada a cabo por el abogado ferrolano Camilo Estripot Tenreiro.

El día veinte de Agosto se celebró el consejo de guerra en la sala de justicia habilitada en la Jefatura del Estado Mayor. Bajo la presidencia del vicealmirante Tomás Calvar Sancho, formaron el tribunal los contralmirantes José M. Franco de Villalobos y Victoriano Sánchez-Barcáiztegui Acquaroni, el coronel de Infantería de Marina Serafín Liaño Lavalle y los capitanes de navío Francisco Bastarreche Díaz de Bulnes y Angel Fernández Piña. El vocal ponente fue el teniente coronel auditor Jesús Cora y Lira, y el fiscal, el ya citado coronel auditor Luciano Conde Pumpido.

El teniente de navío Luis Sánchez Pinzón fue condenado a pena de muerte bajo la acusación de “desobediencia a un superior al frente de rebeldes y sediciosos”. Dos días más tarde, una vez recibido el “enterado”, fue pasado por las armas a las cinco y media de la tarde en la Galería de Tiro del Parque del Arenal de la Base de Ferrol. Natural de Morón, en la provincia de Sevilla, Luis Sánchez Pinzón estaba casado y tenía veintinueve años.

El capitán de navío Juan Sandalio Sánchez Ferragut, comandante del “Cervera”, fue procesado por orden del auditor de la Base, García-Rendueles, tras prestar declaración como testigo en numerosas ocasiones. Hasta la celebración del consejo de guerra permaneció preso e incomunicado a bordo del “Plus Ultra”. El fiscal Luciano Conde Pumpido solicitó el día ocho de Septiembre, en sus conclusiones provisionales, modificadas durante la celebración del consejo de guerra, la pena de muerte para Sánchez Ferragut, al que acusaba del delito de traición. Sánchez Ferragut había nombrado defensor al capitán de fragata Angel Suances Piñeiro. Suances, según él mismo afirmó, no era proclive a aceptar esta defensa y, previamente, consultó con sus superiores. No obstante, realizó una hábil y concienzuda argumentación, y solicitó para su patrocinado la libre absolución.

El día once de Septiembre, en dependencias de la Jefatura de la Base Naval de Ferrol se celebró el consejo de guerra sumarísimo contra el comandante del crucero “Almirante Cervera”. El tribunal, por orden del auditor de la Base, estaba formado por las mismas personas que habían condenado al teniente de navío Sánchez Pinzón. La condena dictada por el tribunal contra Sánchez Ferragut fue la misma: pena de muerte. Pero en este caso no hubo unanimidad entre los miembros del tribunal. Su presidente, el vicealmirante Tomás Calvar Sancho, y el vocal, capitán de navío Francisco Bastarreche, formularon un voto particular por estimar que debía ser condenado a reclusión militar perpetua.

También disintió del fallo del consejo de guerra el auditor de la Base, pero en sentido opuesto. García-Rendueles, en su preceptivo dictamen dirigido al vicealmirante jefe de la Base, y después de varios “considerandos”, “estima que no procede aprobar el fallo dictado por consejo de guerra, y que al procesado, capitán de navío Juan Sandalio Sánchez Ferragut, debe ser reputado autor de los siguientes delitos de traición castigados en el artículo 116 del Código Penal de la Marina de Guerra:

1º.- El de pasarse al enemigo; al cual estuvo dirigiendo y en representación del que pactó la rendición del buque (número 1º de dicho precepto legal).

2º.- El de la entrega del buque a los rebeldes (nº 4º).

3º.- El de sostener –por radio- correspondencia o inteligencia directa con el enemigo sobre operaciones de guerra (nº 8º).

En consecuencia, juzga que debe ser condenado a pena de muerte.”

El vicealmirante Indalecio Núñez, al dirigirse al presidente la Junta de Defensa Nacional para comunicarle la sentencia del consejo de guerra, expuso las sucesivas variaciones en la interpretación de los hechos que se imputaban al acusado, tanto por parte del fiscal, como por el propio tribunal y el disenso del auditor, y propuso la continuación de las actuaciones por el procedimiento ordinario.

Sería el propio Emilio Mola, general jefe del Ejército del Norte, el que zanjase la cuestión mediante un decreto emitido en Valladolid el día diecisiete de Septiembre, en el que se confirmaba la pena impuesta en el consejo de guerra. El capitán de navío y comandante del crucero “Almirante Cervera”, Juan Sandalio Sánchez Ferragut, fue fusilado en la punta del Martillo, en el Arsenal, a las seis de la tarde del veinticinco de Septiembre. Dejaba esposa, que estaba ciega, y cuatro hijos.

Las actuaciones represivas de la justicia militar nacionalista contra la tripulación del “Cervera” se prolongaron hasta el final de la guerra y la causa que las contiene quizás sea la más extensa y farragosa de todas las instruidas en ese período.




(1) Extraído de "Muertes Paralelas". Autor: Marcelino Laruelo. (Gijón 2004). Extracto publicado en "Asturias Republicana"





miércoles, 24 de mayo de 2017

LA CREACIÓN DE LA MARINA DE GUERRA AUXILIAR DE EUSKADI (1936)







La Marina civil, como ocurrió con la militar, fue objeto de profundas reformas con la llegada de la República. Estas reformas quedaron plasmadas en la Ley de 12 de enero de 1932, que creaba una Subsecretaria de la Marina Civil, absolutamente separada del estamento militar y que asumía competencias en materia de navegación, puertos, inscripción marítima, pesca y construcción naval. Las antiguas Comandancias y Ayudantías de Marina, controladas por la Armada, se sustituían por Delegaciones y Subdelegaciones Marítimas de ámbito civil. En cada provincia marítima se nombraría un delegado con jurisdicción en materia de navegación, servicios portuarios e inscripción marítima. De él dependían tantos subdelegados como distritos marítimos existieran en la provincia; los subdelegados eran a la vez capitanes de puerto de su demarcación. La inspección pesquera se organizó separadamente en Delegaciones regionales de Pesca. Para cubrir estos puestos se creó el Cuerpo General de Servicios Marítimos, al que se incorporarían tanto capitanes de la Marina Mercante, como oficiales del Cuerpo General de la Armada o de la Reserva Naval. La administración periférica tomaba de este modo también un carácter netamente civil.

La Subsecretaría de Marina llegaría a disponer de su propia flotilla dedicada a la vigilancia pesquera que, en 1936, contaba con una quincena de pequeñas lanchas guardapescas. Las lanchas se identificaban con la inicial “V” seguida de un número. También existía otro servicio de vigilancia marítima, independiente de la Subsecretaría, se trataba del “Servicio Especial de Vigilancia Terrestre y Marítima de Tabacalera”, con cerca de una veintena de lanchas, identificadas con las letras “I” (las mayores de 100 toneladas) y “C” (las menores de 100 toneladas) seguidas de un número.

A comienzos de 1936, la Flota Mercante y de Pesca de la República española alcanzaba 1.180.000 toneladas de registro bruto (TRB), repartidas en cerca de un millar de unidades de más de 100 toneladas, lo que le situaba en el puesto número diez del ranking mundial. Una mayoría de estas unidades eran de matrícula vasca, concretamente 353 buques con 555.000 TRB.
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La situación de la Flota no era precisamente la mejor de los últimos años. La crisis del mercado de fletes había arruinado a muchos armadores y había obligado a amarrar un buen número de mercantes en espera del inevitable desguace.
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Las más importantes navieras de la época eran: la Cía. Naviera Sota y Aznar, de Bilbao (49 buques con 171.991 TRB); seguida de la Cía. Transmediterránea, de Barcelona (52 buques con 122.954 TRB); Ibarra y Cía., de Sevilla (25 buques con 103.052 TRB); Cía. Transatlántica, de Barcelona (15 buques con 106.451 TRB), y CAMPSA, de Barcelona (21 buques con 79.510 TRB). Aparte de Sota y Aznar, Bilbao era sede de un buen número de compañías importantes:

Navieras Mercantes

Cía. Naviera Sota y Aznar. Bilbao
Cía Marítima del Nervión. Bilbao
Cía. Naviera Bachi, S.A. Bilbao
Cía. Anónima Marítima Unión. Bilbao 
Cía. Naviera Vascongada, S.A. Bilbao 
Cía. Naviera Amaya, S.A. Bilbao 
Altos Hornos de Vizcaya, S.A. Bilbao
Cía. Naviera Guipuzcoana, S.A. San Sebastián

Compañías pesqueras 

PYSBE San Sebastián 
Javier Arcelus Irizar San Sebastián 
Francisco Andonaegui Pasajes. Garmendia
Tomás Lerchundi e Hijos San Sebastián
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La Flota de Pesca estaba integrada por media docena de bacaladeros, varios cientos de embarcaciones de arrastre tipo “bou” y “pareja, en su mayoría de vapor, y un sinfín de boniteras, bacas y demás embarcaciones de pequeño tonelaje. En total unas 270 unidades de más de 100 toneladas con 50.165 TRB. En 1936 la mayoría de estas embarcaciones se concentraba en el Cantábrico, en especial en el puerto de Pasajes. La matrícula guipuzcoana tenía inscritos un centenar de pesqueros por encima de 100 toneladas, con 23.023 TRB, lo que representaba el 37% de las embarcaciones y el 46% del tonelaje de toda la Flota pesquera del Estado. Aunque si se contabilizaban todas las embarcaciones que operaban habitualmente desde Pasajes, incluso las más pequeñas y las pertenecientes a armadores de otros lugares, la cifra alcanzaba las 160 unidades con unas 25.000 TRB.

Bou Gipuzkoa 


Desglosada por tipos de buques, la Flota de Pasajes se componía de 6 bacaladeros de unas 1.200 toneladas cada uno, 20 bous de entre 140 y 300 toneladas, 82 parejas de vapor y 34 de motor de 30 a 150 toneladas y 18 bacas y parejas sueltas de menos de 100 toneladas. La más importante de todas las compañías pesqueras del país era la donostiarra Pesquerías y Secaderos de Bacalao de España (PYSBE); detrás de ella, otros armadores guipuzcoanos estaban también entre los grandes de la Pesca: Arcelus, Andonaegui, Lerchundi, la familia Ciriza,..

Los efectivos de la Marina Mercante y de Pesca se estimaban en unas 46.000 personas: 300 armadores, 3.000 capitanes y oficiales, 2.500 patrones de pesca y cabotaje, 39.000 tripulantes y 1.500 entre personal de inspección y de tierra. El mayor contingente de oficiales y personal de cubierta procedía de Euskal Herria y Galicia, entre los maquinistas abundaban los originarios de Levante y entre los hombres de fonda los vascos y andaluces.
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El nivel de sindicación era muy alto, los capitanes y pilotos estaban agrupados generalmente en asociaciones profesionales de carácter territorial (Agrupaciones Náuticas o Sindicatos de Capitanes y Pilotos) y los maquinistas en la Asociación General de Maquinistas Navales, aunque no faltaban tampoco los afiliados a organizaciones de clase. La práctica totalidad de las tripulaciones estaban sindicadas en la UGT y CNT y, en Euskal Herria, además, en Solidaridad de Trabajadores Vascos. Poco antes de la guerra, todas las organizaciones sindicales y agrupaciones de oficiales crearon un órgano de coordinación y enlace denominado Alianza de Federaciones Marítimas. En Pasajes, el Sindicato de mayor implantación era “Avance Marino” de la CNT, con unos 1.000 afiliados, le seguía “La Unión Marítima” de la UGT con 700 y STV con 400. En Vizcaya, en cambio, era mayoritaria la afiliación a STV y menor el peso relativo de la CNT.

El 15 de octubre de 1936, José Antonio de Aguirre creaba una Sección de Marina dentro del Departamento de Defensa y nombraba para dirigirla al anterior responsable de los asuntos marítimos de la Junta de Defensa de Vizcaya, Joaquín de Egia y Untzueta. En una memoria elaborada año y medio después Egia indicaba las causas que habían llevado al Gobierno Vasco a crear unas fuerzas navales propias, que resumidas eran las siguientes:

l) El acoso de los buques rebeldes, atacando éstos el tráfico mercante republicano y obstaculizando el libre ejercicio de la pesca, minando los accesos al puerto de Bilbao y bombardeando objetivos costeros.

2) La desmoralización que tales acciones causaba en la Marina mercante y de pesca y en la población civil.

3) La ineficacia de las unidades navales republicanas destacadas en el Cantábrico.

4) La posible utilización de la vía marítima para fugas de enemigos de la República o actividades de espionaje.

La misión confiada a esta Sección –que comenzó a actuar el 25 de octubre– consistía en la formación de una fuerza auxiliar de la Marina de Guerra Republicana que se dedicara a la protección de la pesca y de la libre navegación en aguas territoriales y mantuviera libres de obstáculos los accesos a puertos vascos. Esta fuerza auxiliar tenía, por tanto, como objeto el descargar de tareas secundarias, en aguas de Euskal Herria, a las Fuerzas Navales del Cantábrico, que así podrían centrar su labor en el combate contra las unidades enemigas y las escoltas a gran distancia de la costa. Con este fin, Joaquín de Egia constituyó la Marina de Guerra Auxiliar de Euzkadi.

Sus medios iniciales fueron muy modestos, apenas una decena de embarcaciones procedentes de los Servicios Marítimos de las Milicias Vascas o seleccionados entre los pesqueros de la Flota de Pasajes y alrededor de un centenar de hombres. Sin embargo, la incapacidad de las FNC para cumplir sus tareas, conduciría a que la Marina de Guerra Auxiliar asumiera algunas de ellas y llevara prácticamente el peso de la campaña naval hasta la caída de Bilbao. A mediados de 1937 encuadraba ya a cerca de medio centenar de embarcaciones y unos 650 hombres, distribuidos entre las oficinas y servicios de tierra, buques artillados, dragaminas, lanchas y canoas auxiliares y el personal destinado a los servicios y buques de las FNC. Durante los diez meses de vida operativa la Marina Auxiliar, aunque modesta y limitada, se convirtió en una fuerza naval eficaz que cumplió los cometidos asignados, supliendo su falta de preparación militar con un elevado espíritu de servicio.

La Marina Auxiliar no dependía de las Fuerzas Navales del Cantábrico, sino directamente del consejero de Defensa y, a la vez, Presidente del Gobierno Vasco. La Sección de Marina se ocupaba de la dirección administrativa y operativa de los buques auxiliares, mientras que Fuerzas Navales del Cantábrico ceñía su jurisdicción a los buques de guerra propiamente dichos. La planificación y preparación de las operaciones era asumida por el Estado Mayor de las FNC, quien se encargaba de redactar las órdenes de operaciones correspondientes a los servicios que le encomendaba el Gobierno de Euzkadi.

Los Bous armados

Como núcleo central de esta fuerza naval, Egia seleccionó a los cuatro bacaladeros de PYSBE, que estaban siendo artillados por las FNC. Como aún no se había delimitado oficialmente la jurisdicción a que habían de encontrarse sometidos estos buques. Egia propuso que el Gobierno Vasco se incautara de ellos y así se hizo. Con fecha 30 de octubre, José Antonio Aguirre firmó los decretos de incautación de los buques Mistral, Vendaval, Euzkal-Erria e Hispania, en nombre del Gobierno Vasco. Sin embargo, estos buques no quedarían realmente bajo el completo control de la Marina vasca hasta el mes de diciembre, cuando todas sus tripulaciones estuvieran formadas por personal de la Jefatura de Marina de Euzkadi y sus nombres fueran cambiados, pasando a ser Gipuzkoa, Nabarra, Bizkaia y Araba respectivamente. Como comandantes se mantuvieron los designados por las FNC, salvo el del Bizkaya que fue sustituido por Alejo Bilbao; al nombrarlos se les asimiló a la categoría de tenientes de navío. Una vez incorporados a la Marina Auxiliar, se instaló a todos los bous, menos al Araba, un segundo cañón de 101’6 mm. a popa. El Araba, que siempre tuvo sus calderas en muy mal estado, fue desarmado en febrero de 1937 y entró seguidamente en dique para sufrir una profunda transformación. Todos los bacaladeros poseían estación radiotelegráfica completa, a la que se añadió otra de radiotelefonía. Ya por cuenta de la Marina de Euzkadi, en diciembre fueron artilladas también dos parejas de arrastre llegadas en la evacuación de Guipúzcoa, el Goizeko-Izarra y el Iparrekolzarra. Se les armó con un cañón Vickers de 57 mm. a popa a cada una y además al Iparreko-Izarra, con una ametralladora antiaérea Steyr de 8 mm. en el puente y un fusil ametrallador de 9 mm. y 10 fusiles como armamento portátil. Se pusieron bajo el mando de los capitanes Antonio de Zinkunegi Atxurra y Pedro Ruiz de Loizaga Urigoitia. En febrero entró en servicio el bou Donostia que anteriormente había sido el bou armado franquista Virgen del Carmen, cuya tripulación se sublevó la noche del 5 al 6 de diciembre y metió el buque en Bilbao. Su armamento consistía en un cañón Vickers de 76’2 mm. a proa y otro de la misma marca de 47 mm. a popa, dos ametralladoras, y seis cargas de profundidad de fabricación alemana que llevaba el propio buque cuando entró en Bilbao y como armamento portátil un fusil ametrallador Hotchkiss de 7 mm., 13 fusiles y bombas de mano. Para mandarlo se nombró a Francisco de Elortegi y Ganbe, también asimilado a teniente de navío. A los bous menores sólo se les instaló estación de radiotelefonía.

Bou Bizkaia

En diciembre, el Gobierno Vasco intentó hacerse con dos bacaladeros de PYSBE que estaban en construcción en Dinamarca y se completarían a comienzos de 1937. Se incautó de ellos por decreto de 12 de diciembre de 1936 y envió a un representante para hacerse cargo, pero en Dinamarca se encontró con que los franquistas también habían enviado a una persona con el mismo propósito. Finalmente, las autoridades danesas decidieron impedir su salida hasta después de acabada la guerra, sin tomar partido en el litigio.

Avanzada la primavera de 1937 se iniciaron las modificaciones necesarias para armar otros dos buques, el bou Santa Rosa y el costero Mari Begoña a los que se puso por nombre Gazteiz e Iruña, pero la caída de Bilbao sorprendió al último en plena modificación y a ambos sin material artillero.

La gente conocía popularmente a estos buques como «los bous armados». Todos ellos fueron pintados de color gris aplomado, portando en sus amuras, en color negro, la inicial del nombre. Llevaban izada la ikurriña a proa y la bandera tricolor republicana en el mástil principal. Tenían su base en Portugalete y fondeaban habitualmente en la dársena de la Benedicta o de Galdames.

Se les encomendaron las tareas de escolta de buques mercantes que iban o venían de Bilbao, la protección de los pesqueros que faenaban en aguas territoriales y la vigilancia de la costa y de los accesos a puertos vascos. El Consejero de Defensa, previo asesoramiento de la Jefatura de Marina, era quien disponía los servicios a realizar, encomendándose al Estado Mayor de las Fuerzas Navales del Cantábrico la redacción de la correspondiente orden de operaciones. Estas órdenes de operaciones, una vez aprobadas por el Consejero, eran transmitidas a los comandantes de los bous encargados de su cumplimiento, quienes, después de efectuado el servicio, cursaban el parte a la Jefatura de la Sección de Marina y a la vez a las Fuerzas Navales del Cantábrico. Los bous poseían claves especiales, que se renovaban periódicamente, para comunicarse entre sí y con los buques de las FNC, y un código particular de señales de banderas y radiotelegráficas para coordinar sus evoluciones.

Tripulantes del bou 'Gipuzkoa' tras un combate;
con gabardina larga, el comandante

Los dragaminas y buques auxiliares

Para la recogida y destrucción de las minas sembradas en aguas de Euskadi se seleccionaron unos cuantos pesqueros tipo pareja de arrastre que recibieron el nombre de «dragaminas» o «barreminas». Los primeros dragaminas se utilizaron en Euskadi a finales de septiembre de 1936 cuando la Junta de Defensa de Vizcaya, ante un posible minado de Bilbao, movilizó la pareja Danak-Ondo y Marce. La pareja se estrenó pocos días después, al confirmarse que el destructor enemigo Velasco había sembrado minas en el Abra para impedir la entrada de la Flota Republicana. La amenaza del cierre del puerto de Bilbao obligó a la Marina de Guerra Auxiliar a organizar el servicio de rastreo en diciembre. Utilizó para ello varias embarcaciones tipo pareja de arrastre procedentes de la Flota de Pasajes: Jaimín, Rafael Cantos, Arco, Iris, Mari-Toya, Gure Artizar y Gure Izarra.

Los sucesivos minados realizados entre enero y abril hicieron incrementar su número hasta llegar a 24 en mayo de 1937, incorporando nuevas parejas de Pasajes y de Ondárroa. Al principio, estas embarcaciones conservaron sus nombres originarios, pero en mayo se les suprimieron, asignándoles los numerales D-1 a D-24 del siguiente modo: María Angeles (D-1), Julito (D-2), Domayo (D-3), Mourisca (D-4), Gure Artizar (D-5), Gure Izarra (D-6), Alque (D-7), Alción (D-8), Nuevo Constante (D-9), Constante Barreiro (D-10), Arco (D-11), Iris (D-12), Motrico (D-13), Ondarroa (D-14), Eduardito (D-15), Anthon Mari (D-16), Delfina (D-17), Marcos (D-18), Ibai-Ederra (D-19), Salvadora (D-20), Nazareno nº6 (D-21), Aralarko-Mikel-Deuna (D-22), Eugenio (D-23) y Julia (D-24). Además a los D-3 y D-4 se les asignaron los nombres de Napartarra y Arabarra respectivamente.

El servicio de rastreo lo supervisaba el delegado de Marina en Portugalete, José María Burgaña Belaustegi, que preparaba cada día los planes de trabajo de la Flotilla. Uno de los dragaminas iba siempre mandado por un capitán que actuaba como jefe de la Flotilla y dirigía personalmente las operaciones. Algunos dragaminas fueron también empleados en misiones especiales como el Mourisca (servicio de comunicaciones y transporte entre Bilbao y Bayona), el Domayo (servicio de enlace radiofónico entre Bilbao y Bayona) y el D-5 y D-6 (transporte de armas en colaboración con Lezo de Urreiztieta). Los barcos eran mandados por patrones de cabotaje o de pesca salvo en misiones especiales en que lo hacía un capitán.

En labores auxiliares de localización y desactivación de minas y de vigilancia nocturna de la costa se utilizaron hasta seis pesqueros de bajura, en su mayoría de Motrico, clasificados como «lanchas auxiliares». Actuaban principalmente de noche y cerca de la costa. Si operaban de día lo hacían como auxiliares de los dragaminas en misiones de exploración. A comienzos de mayo sus nombres fueron sustituidos por los numerales L-1 a L-6: Nazareno nº1 (L-1), Angel de la Guarda (L-2), Josuren Ama (L-3), Nazareno nº9 (L-4), San Isidro (L-5) y San Ignacio de Loyola (L-6).

También formaron parte de la Marina Auxiliar varias parejas, canoas automóviles, yates y lanchas rápidas que se emplearon en otros servicios. Así, el Danak Ondo, Danak Batian y Marce prestaron servicio de prácticos mientras esa labor dependió de la Sección de Marina, de noviembre a marzo de 1937. Otro servicio especial fue el que prestaron desde noviembre de 1936, primero el Trintxerpe y más tarde el Domayo. Ambos buques se utilizaron para mantener un enlace permanente entre Bayona y la Presidencia del Gobierno Vasco a través de sus equipos de telefonía y telegrafía. En labores de enlace marítimo entre Bayona y Bilbao se emplearon el yate donostiarra Severiano Asarta –durante muy breve plazo–, el Mourisca ya citado y las lanchas rápidas Kayue y Txepetx (ex Pussycat), dos canoas de recreo capaces de superar los 20 nudos de velocidad.

Como auxiliares de los dragaminas se emplearon, desde mayo de 1937 varias canoas automóviles a las que inmediatamente se asignaron nuevos nombres: Comandante Moreno (ex IsiAnton), Aitor (ex S.C.), Sorgiña (ex Cedard Bird), Miren Garbiñe (ex Politena), y Berabille ( ex Tío Maco). En servicios portuarios se empleó inicialmente la motora Sheabe, llegada de Pasajes, y luego la Pili –rebautizada en mayo Miren Koldobike–, la Trinkertxu (ex Jaungoikoa Lagun) y el yate Izaro –desde
mayo Epailla 5.

Todos los buques tenían su base en Portugalete y solían amarrar en el muelle nuevo, cerca de los almacenes del ferrocarril que también eran utilizados por la Marina. Los dragaminas y las lanchas auxiliares se pintaron totalmente de color gris aplomado, al igual que los bous, llevando en cada amura el numeral correspondiente, en color negro. Ninguna de las embarcaciones iba armada, salvo el armamento portátil que en contadas ocasiones llevaban sus tripulantes.

Proyectos inacabados

En el transcurso de la guerra, el Departamento de Defensa estudió una serie de proyectos de construcciones navales y de adquisición de diverso material de uso naval. Todos estos proyectos se vieron frustrados por la caída de Bilbao en junio de 1937 y, aunque ninguno de ellos llegara a realizarse, merece la pena reseñarlos para dar una idea de cuáles eran la dimensión y los medios que se pretendía asignar a la Marina de Guerra Auxiliar. De todas formas, no está claro que todos estos
proyectos estuvieran concebidos para la Marina Auxiliar.

 Hidroavión: En noviembre de 1936 el Gobierno de Euzkadi adquirió un hidroavión, modelo Sikorsky SB-38. Este tipo de hidroavión, capaz de realizar misiones de observación, se había construido en Estados Unidos hacia 1930. Según parece, el aparato lo adquirió el Gobierno Vasco a través de un periodista sueco. Fue sometido a diversas pruebas en Bilbao y Santander por personal de la Escuadrilla de Hidros de las FNC, comprobándose que debía ser objeto de una profunda reparación. Estos trabajos se iniciaron en febrero en la Constructora Naval y fueron seguidos de cerca por varios miembros del Estado Mayor de las FNC que planeaban desertar con él. No lo consiguieron porque, antes de completarse la reparación y próximo a caer Bilbao, fue trasladado a Santander para evitar su captura. Una vez terminados los trabajos, realizó un vuelo de prueba el 30 de julio de 1937, con tan mala fortuna que un grupo de cazas republicanos lo derribó a pocas millas de Suances. El avión no llevaba pintados los distintivos republicanos y los cazas no le reconocieron. Sus cuatro
tripulantes resultaron muertos.

Hidro Sikorsky S-38


• Buque escuela

En noviembre, Egia solicitó al Consejero de Defensa la incautación del yate Goizeko-Izarra con el fin de destinarlo a “cuartel-escuela de instrucción naval” para el personal de la Marina. La propuesta no fue aceptada, por lo que, a partir de febrero, se hicieron gestiones para buscar un alojamiento en tierra que cumpliera la misma función. Finalmente se seleccionó y acondicionó un chalet próximo al balneario de Igeretxe y en él se instaló el Cuartel de Marina. La guarnición estuvo formada básicamente por la tripulación del Araba, mientras estuvo en reparación, y personal sin destino.

• Guardacostas y lanchas cañoneras: En diciembre de 1936 José Antonio Aguirre, transmitiendo órdenes del ministro de Marina de la República, encargó a la Compañía Euskalduna de Construcción y Reparación de Buques la construcción de 12 guardacostas de un tipo parecido a otros ya construidos para Méjico. Aunque se iniciaron contactos para obtener los materiales necesarios, el proyecto no siguió adelante. En enero de 1937 Euskalduna presentó un nuevo proyecto. Se trataba esta vez de construir 6 lanchas cañoneras, calculando que para construir la primera embarcación se tardarían seis meses y añadiendo un mes más para terminar cada una de las cinco restantes. Tampoco llegó a ponerse en marcha este proyecto.

• Lanchas torpederas: Ya en febrero de 1937, Egia solicitó del Consejero de Defensa que pidiera a la Delegación Vasca de París si podía obtener planos de las embarcaciones lanzatorpedos de la Armada francesa y de los más modernos tipos de torpedos, así como de la “patente de origen japonés del denominado torpedo-humano”. En abril solicitó la adquisición de 6 lanchas torpederas rusas de gran velocidad. Aunque estas operaciones no parece que llegaran a materializarse, este mismo mes la Delegación del Gobierno Vasco en París gestionó a través de Lezo de Urreiztieta la construcción de varias canoas lanzatorpedos. Lezo llegó incluso a adquirir torpedos para ellas pero la caída de Bilbao frustró la ejecución del proyecto.

 Lanchas rápidas y cazasubmarinos: También en febrero de 1937, Egia solicitó al Consejero de Defensa que el Departamento de Industria le proporcionase 2 lanchas rápidas para situarlas en Bermeo y Lequeitio, con objeto de dar protección a la flotilla pesquera de esos puertos en su trabajo diario e impedir la labor de los pesqueros del enemigo. Volvió a solicitarlas en marzo, pero sin conseguirlas.

En abril de 1937 se organizó, por cuenta del Gobierno de Euzkadi, una Misión Militar secreta de consejeros y técnicos militares franceses encabezada por Joseph Crozier. Esta misión constaba de una primera sección de planificación y adquisición de material bélico, y una segunda destinada al asesoramiento táctico e instrucción del personal militar. La primera sección, operando desde Francia, inició estudios de defensa costera y preparó los planes de construcción de lanchas rápidas y cazasubmarinos por la industria vasca pero, como en los casos anteriores, la caída de Bilbao impidió que se llevaran a cabo. La segunda sección incluía un oficial de Marina, el teniente de navío de la Reserva Naval Georges Edmond Dupuy. La caída de Bilbao impidió también en este caso que pudiera desarrollar su labor y este oficial fue puesto al mando del mercante británico Bobie que tomaría parte en el intento de evacuación del Ejército vasco desde Santoña.





Extraido de "La Marina de Guerra Auxiliar de Euzkadi (1936-39)" . Juan Pardo San Gil